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YCUÁ
BOLAÑOS V:
Una tragedia que no debiera repetirse
Lo ocurrido
el 1 de agosto, la mayor tragedia en la historia civil del Paraguay,
ha desnudado falencias que, indudablemente, existen en la mayoría
de los edificios y centros comerciales del país.
No pretendemos
achacar culpas sino, muy por el contrario, la situación es
un llamado de atención - lamentable por cierto - que debe conducirnos
a una serena reflexión respecto a
la necesidad de adecuar las construcciones y sus instalaciones
a las normas de seguridad vigentes y, si alguna modificación
o ajuste debiera realizarse a ellas, sea adecuada a nuestra realidad.
Sin embargo,
además de lo expuesto, existe una cuestión independiente
de la serie de casualidades,
negligencias, desatinos
e impericias, que infortunadamente coincidieron para tamaña
desgracia, cual es: la debilidad de nuestras instituciones, característica
muy peculiar y perniciosa en todas las esferas
del Estado. Instituciones que, por falta de claras normativas no pueden tan
siquiera establecer con meridiana claridad, quiénes son
los responsables de las aprobaciones y verificaciones periódicas
de los sistemas de seguridad;
otras que, ante una absoluta orfandad de recursos debieron recurrir a actos
heróicos
para salvar vidas y, la mayorÌa que ante la magnitud del
siniestro, tuvo
que reconocer su total incapacidad para el manejo de este tipo de situaciones.
Los hechos no son simplemente atribuibles a la falta de condiciones
para contar con equipamientos adecuados sino, lamentablemente,
a una degradante práctica, cual es soslayar las leyes
y ordenanzas; casi un modo de vida que los paraguayos hemos adoptado
y al cual
estamos tan acostumbrados, al punto de considerarlo "normal".
Hoy pretendemos centrar la polémica en buscar culpables
y modificar reglamentos
porque "en el primer mundo las normativas disponen tal o cual
cosa...", evadiendo una vez mas reflexionar sobre el compromiso personal
como ciudadanos, únicos responsables de nuestra organización
social, institucional
y de nuestra conducta cívica y moral. No nos engañemos, el
cumplimiento
mínimo de las normativas vigentes hubiera evitado o menguado tamaña
desgracia.
Es momento propicio para que todos los estamentos de la sociedad reflexionemos
acerca
de esta realidad y sus consecuencias, que van desde la falta de respeto por los
derechos elementales, pasando por una corrupción generalizada y culminando en
una deplorable degradación del modo de vida y la convivencia ciudadana. Por más
que duela decirlo, somos un país poco serio.
Es hora que cambiemos, se lo debemos a más de 400 compatriotas que fallecieron
trágicamente
el 1 de Agosto.
Ing.
Jorge Moreno
Presidente CAPACO |
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